Citroën Dyane: Resistente al tiempo

Hace medio siglo se presentaba en sociedad el Citroën Dyane, representante genuino de la genética, creatividad y practicidad de la marca francesa.

La génesis de este modelo ocurrió en 1964 cuando los responsables de Citroën se sentaron a la mesa de una de sus habituales reuniones de directorio y definieron que se necesitaba ofrecer algún producto que se ubicara entre el popular Citroën 2 CV y el revolucionario Citroën DS. No faltaron ideas y de inmediato se definieron varios preceptos para abrazar de buenos argumentos al nuevo producto.

Debía tener una quinta puerta tipo hatchback a fin de otorgarle una nueva practicidad y posibilidades de carga, un motor más potente, pero que no excediera los dos caballos fiscales franceses –y así pagar menos impuestos que sus rivales–, y la simpleza y versatilidad del 2 CV. Todo eso en una presentación más chic, más elaborada, sin olvidar su ADN de automóvil utilitario.

Por otra parte, para poder ofrecerlo al público a un precio competitivo, se definió que debía asentarse en elementos ya probados en el 2 CV y en la rural AMI. Las dimensiones externas debían ser similares también al primero, para así poder aprovechar las líneas de montaje ya existentes, lo que redundaba en menor necesidad de inversión industrial y la posibilidad de diversificar su producción en diferentes plantas de Europa y Asia.

Bajo la tutela del entonces director de Citroën, Pierre Bercot, los diferentes departamentos de la fábrica se pusieron manos a la obra. De la cuestión estética, en un comienzo, se ocuparon los diseñadores de Panhard, fabricante de autos francesa por entonces recién adquirida por la marca del «double chevron». Allí se propusieron algunos de sus puntos nodales, como las formas trapezoides o en V que caracterizan a sus diferentes paneles, identidad que llegaría a la ansiada masificación.

Ya en una etapa avanzada el proyecto regresó al estudio de diseño de Citroën y allí se definieron otras características esenciales como los faros y su marco cuadrado integrados en los guardabarros, el capó formando su característica nariz negativa o las puertas de forma cóncava, solución que aportaba rigidez y, según sus mentores, aislación de ruidos provenientes del exterior. El portón recto que incluía la luneta y pivotaba sobre la parte posterior, abría un mundo nuevo a las posibilidades de carga. Y la lona enrollable sobre el techo, un mundo nuevo para contemplar y disfrutar ahí arriba, regalándoles a los pasajeros la misma sensación de libertad de la que siempre presumió el 2 CV.

Todo estuvo pronto para su lanzamiento, a tiempo para el Salón de París de 1967, equipado en un principio con un motor de dos cilindros opuesto y 425 cc que enseguida vería crecer su cilindrada a 435 cc. Al año siguiente, otro de los herederos en vida del 2 CV, el AMI comenzaría a prestarle su impulsor de 602 cc que, con 28 caballos, le permitía alcanzar los 115 km/h.

Su precio superior al del «dos caballos» no se basaba en la novedad estética, o en la posibilidad de disponer de mayores prestaciones. Era notorio que, como se planteaba desde el vamos en el proyecto, era un vehículo de una calidad de construcción superior, con mejor equipamiento y con materiales muy esmerados.

Con diferentes evoluciones técnicas y algunas leves intervenciones estéticas, el modelo se mantuvo vigente por largas temporadas, alcanzando una longevidad envidiable, pues los últimos saldrían de la línea de montaje en el año 1983. Más aún, la derivación comercial del Citroën Dyane, llamada Citroën Acadiane –aparecida en el año 1979–, se mantuvo en producción hasta el año 1987, exactamente dos décadas después del nacimiento del modelo del cual derivaba directamente.

A lo largo de sus 16 años de vigencia comercial se fabricó en las plantas de Rennes en Francia, Vigo en España, Mangualde en Portugal, Koper en la entonces Yugoslavia, luego Eslovenia, y en la planta de SAIPA, en Irán. En total se produjeron 1.443.493 unidades.

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El mercado argentino también hizo su aporte en la exitosa trayectoria comercial del modelo. Con la apertura de las importaciones en los años´80, Citroën decidió comercializar este modelo, traído de Europa, junto a sus contemporáneos Visa, GS, GSA o CX.

El Dyane fue un modelo que generó mucha fidelidad entre sus propietarios locales y hoy día es un modelo buscado y valorado entre los coleccionistas. Como dato de color para cerrar esta efeméride, un ejemplar en impecable estado, se luce la sala de ventas del concesionario Citroën Lourdes, en la ciudad de Salta. Con muy pocos kilómetros recorridos y manteniendo el original color «amarillo mimosa» y los alegres tapizados jersey con rayas en diferentes tonos de amarillo, naranja y negro (combinación que a nivel mundial se ofreció únicamente durante los años 1979 y 1980), se muestra orgulloso del lugar que ocupó en su época y del legado que proyecta en los modelos más recientes que lo acompañan.

 

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