Grandes carreras: De la Cannonball a la Gumball 3000

Kia Seltos
Los participantes de la Cannonball de 1971. Entre ellos, el gran Dan Gurney.
Poco tiempo después de poner al hombre en la Luna, Estados Unidos ingresó en una profunda crisis energética causada por el elevado precio del petróleo. Eso repercutió en la vida de los yanquis, que debieron cambiar algunas de sus costumbres para estar acordes a las normativas del gobierno de Richard Nixon. Una de las medidas tomadas en 1971 fue limitar la velocidad máxima a 55 millas por hora, es decir 89 km/h.

La decisión, aunque entendible, no les causó gracia a los amantes de la velocidad. Indignado, y a modo de protesta, el periodista Brock Yates se propuso cruzar el país de costa a costa con su van Dodge Custom Sportsman en el menor tiempo posible. Así fue que el 3 de mayo inició su periplo entre Nueva York y Los Ángeles y unió los 4.608 kilómetros en 40 horas y 51 minutos, toda una proeza para la época.

La inspiración de Yates, editor de la revista especializada Car And Driver, fue un piloto muy famoso que en 1933 unió las dos costas sobre un Graham-Paige en 53 horas y media. Su nombre era Erwin George Baker y todos los conocían como “Cannonball” (Bola de Cañón)…

Seis meses después de la experiencia, Yates volvió a repetirla, aunque mejor preparado. Tuvo como piloto a Dan Gurney, ganador de las 24 Horas de Le Mans en 1967; mientras que el vehículo utilizado fue una Ferrari 365 GTB/4 Daytona. Lógicamente, el tiempo fue menor: 35 horas y 53 minutos. “En ningún momento superamos los 280 km/h…”, aseguró Gurney. En esta oportunidad hubo otros cinco competidores que aceptaron el desafío de Yates.

Durante toda la década de 1970 la Cannonball, tal el nombre con la que se bautizó a esta carrera de velocidad, se disputó en otras tres oportunidades (1973, 1975 y 1979) y con cientos de participantes. El récord de esta serie de pruebas se logró en la última edición cuando Dave Heinz y Dave Yarborough, a bordo de un Jaguar XJS, llegaron a la meta en 32 horas y 51 minutos. Varias demandas contra la revista Car And Driver, que se había convertido en promotor del evento, hizo que dejase de existir. No obstante, su fama se incrementó cuando se estrenó en 1981 una película llamada “Los Locos del Cannonball” protagonizada por Burt Reynolds y en la que se reflejaba el espíritu aventurero de la creación de Yates.

En 1984 se intentó de reflotar la Cannoball con una prueba llamada “Una vuelta a América”, que consistía correr en diferentes circuitos en una decena de días. Si bien la carrera se mantiene hasta nuestros días, no ha logrado el furor que su antecesora.

La Gumball 3000 es una aventura de 5.000 kilómetros.

Sobre el filo del Siglo XX llegó una sucesora digna de la versión original: la Gumball 3000, que salió a rodar en 1999 con 55 autos que unieron Londres (Inglaterra) con Rimini (Italia). La carrera fue creada por un empresario de la moda con pasado skater y de corredor de autos: el inglés Maximillion Fife Alexander Cooper, que en ese entonces tenía 27 años. Su idea fue sencilla: hacer un rally de 5.000 kilómetros para esa gente con dinero amante de la adrenalina, la música y las fiestas…

“Yo sé que parece puro descontrol, pero me lleva mucho trabajo armar la Gumball cada año. Conseguir el alcohol, los DJ’s y las trescientas modelos lindas para las fiestas es un chiste al lado del tiempo que me toma planear las rutas y armar la logística para la carrera. Ese es un trabajo de un año entero, que en algunos casos implica hasta gestiones diplomáticas bastante ásperas”, explicó alguna vez Maximillion, que hace honor a su nombre al tener una fortuna estimada en los 50 millones de euros.

La Gumball 3000, que en este tiempo ya atravesó buena parte de Europa y de Estados Unidos y hasta llegó a China, no tiene reglas. En realidad hay una que no se tiene muy cuenta: respetar los límites de velocidad. El medio centenar de participantes que se anotan cada año quiere llegar a destino lo más rápido posible y, obviamente, a tiempo para las fiestas que se organizan a lo largo del trayecto.

Como las infracciones están a la orden de día, los competidores tienen la costumbre de llevar mucho efectivo para hacerles frente a las multas y hasta algunos tienen el recaudo de tener un auto muletto para usarlo en caso de que la policía les secuestre el que conducían al momento de la infracción. De más está decir que todos los coches están equipados con dispositivos que les permiten estar al tanto de los pasos de la ley o de los radares de velocidad, aunque a veces no les sirve de nada…

La inscripción ronda los 45.000 euros e incluye el alojamiento y el pase para las fiestas que se hacen durante los ocho días de carrera. Cuando las competencias son en un continente no suele haber grandes problemas de logística, el tema se complica cuando hay un océano de por medio. En ese caso, los vehículos vuelan de un lado a otro en un avión Hércules mientras que sus dueños aprovechan para pasarla bien al compás de algún DJ de moda, claro está…

El músico deadmau5, uno de los participantes de la Gumball.

La Gumball 3000 no solo capta el interés de magnates, sino también de personalidades de diferentes ámbitos como los actores Adrien Brody (El Pianista) y David Hasselhoff (El Auto Fantástico y Baywatch), los músicos Travis Baker (baterista de Blink 182), David Guetta y Snoop Dogg, la modelo Kate Moss, el skater Tony Hawk y el empresario Kim Dotcom (creador de Megaupload). Hasta compitieron pilotos de la Fórmula 1 como los ingleses Damon Hill, que corrió en 2001 con un Lamborghini; y Lewis Hamilton, quien intervino en la primera etapa de la edición 2015 con un McLaren P1.

Pese a sus características atípicas, la Gumball 3000 está repleta de patrocinadores como Abarth, YouTube, Guess, MTV y Momo, por citar a algunos. Además, Maximillion también recauda en concepto de derechos. A principios de 2000 se los cedió a una empresa de video juegos para que hiciera uno inspirado en la competencia y también a una productora que hizo una película, que fue estrenada en 2003. No es un dato menor que su empresa esté valuada en más de 200 millones de euros.

Si bien esta competencia no está exenta de polémicas, su organizador no deja nada librado al azar y luego de cada jornada realiza una subasta benéfica en la que se juntan miles de euros que luego son destinadas a distintas ONG.

Como aquella Cannonball de la década de 1970, que nació como una forma de protesta, la Gumball 3000 ofrece una aventura llena de glamour. Aunque en ambos casos la premisa se mantiene: andar siempre a máxima velocidad.

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