Mano a mano con Carlos Alberto Reutemann

Hace unos años, tuve la oportunidad de entrevistar a Carlos Alberto Reutemann. Aquí, un fragmento de la charla que se extendió por un par de horas y en la que la Fórmula 1 y sus inicios fueron temas centrales.

-En 2005 probó una Ferrari. ¿Sintió lo mismo que cuando corría?
-Es cierto, fue en Fiorano. Probé la Ferrari que tenía motor de tres litros con unos 850 o 900 HP. La experiencia me sirvió para darme cuenta de muchas cosas. En primer lugar de la tecnología actual que usan, como la electrónica, el control de tracción, los frenos, la caja -un placer pasar los cambios con las bieletas o frenar con pie el izquierdo. En las curvas de primera esperaba la patinada y siempre accionaba el control de tracción y lo que hacia hace 20 años con una segunda larga ahora lo hacía en segunda-tercera-cuarta con el suave toque a la bieleta en el medio de la curva. Eso me hacía recordar cuando en mi época teníamos accidentes porque saltaba de cambio en medio de las curvas, sobretodo en las veloces. En segundo lugar la seguridad. Los autos son más seguros por el tipo de materiales que se usa para la construcción de los autos, la posición del piloto, incluso los circuitos tienen más escape. Además otra cosa: casi no hay fuego. Digo esto recordando Jarama de 1978 cuando con la Ferrari quedé boca abajo enredado en las “catch-fences” y no podía salir. Me empapé con la nafta que empezaba a caer…

-¿Y no pasó nada?
-No. Una chispa y era boleta. Cuento esto también en homenaje a Rindt, Courage, Siffert, Clark, Williamson, Price, Revson, Cevert, Donohue, Peterson, Konnig, Bonnier y Pedro Rodríguez, entre otros que murieron por un accidente de carrera.

-¿A un piloto que quiere llegar a la F-1 le juega en contra ser argentino?
-No comparto esa teoría. Si aparece un (Fernando) Alonso o un Ayrton (Senna) que rompa los relojes no importa la nacionalidad. En F-1 hay una sola verdad; en mi época era el cronómetro manual, hoy es el electrónico, el que lo hace parar antes se queda con todo.

-¿Para ver a qué piloto argentino e internacional pagaría una entrada?
–A cualquiera de punta, pero los tres días con los “head-phones” (auriculares) para ver cómo trabajan y cómo hacen para ir mejorando la performance.

-¿Cómo recuerda sus inicios?
-Tuve la gran contra de empezar de muy grande y no tener escuela “single-seater” (monoposto), pero vaya recuerdo imborrable aquella eliminatoria en el circuito 5 con los Brabham Junior 1000 cm3 contra Nasif, Di Palma, Marincovich, Franco y Cacho Fangio para subirse a los Tecnos de F-2 de Ron Harris. Vaya recuerdo aquellas vueltas en el circuito 6 con el Brabham BT 28 de La Razón a la cola de Piers Courage (cómo cambiaba de rápido y qué linda novia tenía). La sensación de los monoplazas para mi fue incomparable.

-¿Carlos Reutemann podría llegar hoy a la Fórmula 1?
-A veces me pongo a pensar eso… Al repasar mis inicios y ver la edad en la que empecé, me parece que eso sería casi imposible. Pese a eso llegué a la Fórmula 1, gané en la Fórmula 1, me mantuve varios años y corrí en los mejores equipos de la categoría. De todas formas, siempre me dicen que no gané el campeonato…

-¿Y qué recuerda de aquella temporada de 1981 en la que estuvo a punto de quedarse con el título?
-Yo creo que hay una decisión estratégica de Williams que hace que yo pierda el campeonato. Es cuando el equipo deja de usar Michelin y se pasa a Goodyear. Esa decisión fue muy equivocada y hasta me queda la duda -la sería duda- si no hubo otra cosa detrás porque Brabham, que también usaba las Michelin, se adaptó rápido a las gomas norteamericanas. Mientras tuvimos Michelin éramos los más rápidos. Había miles de razones para eso, pero esencialmente porque el auto andaba mejor con las Michelin. Yo con las gomas francesas sumé como cuarenta puntos y con las Goodyear cinco o seis… Ese fue el eje de la cuestión, amén de un tema interno que se había vuelto tenso.

-¿Alguna vez se preguntó que sería de su vida si hubiera salido campeón de la Fórmula 1?
-Sería muy lindo verme en los “books” del automovilismo como “World Champion”, pero en esa lista figuro con unos cuantos triunfos, cosa un poco lejana para un argentino hoy…

-¿Cómo se define como persona?
-Con virtudes y defectos, como todos. Lo único que agrego acá es que cada cosa que conseguí en la vida me costo un huevo y tres cuartos del otro.

-¿Por qué no aceptó ser candidato a presidente en las elecciones de 2003?
-Porque percibí con anticipación que el péndulo iba para otro lado. Se lo dije a Eduardo Duhalde el primer minuto en que me lo ofreció y fue una decisión muy acertada. No me arrepiento. No hubo en esa decisión una milésima de duda.

-¿Hay similitudes entre ganar una carrera y una elección?
-Las sensaciones son muy fuertes, quizás más en la política porque la gente te deposita la confianza por cierto tiempo con el sufragio popular. Pero una cosa interesante a destacar es que en ambos ámbitos necesitás un gran equipo de colaboradores para hacer todo bien.

-¿Qué sueño le queda pendiente?
-La vida me dio muchas alegrías y tristezas, pero el balance en general es bueno. No me olvido de que hacía 10 kilómetros a caballo todos los días para ir a la escuela primaria Nº 572 de Manucho y mi maestra me enseñó a sumar y restar con palitos…

Entrevista publicada en la edición Nº 1863 de la revista CORSA (2007).

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